Trataba parar el mundo, todo giraba veloz mientras ella, parada en la acera, contemplaba la luz reflejada en la sonrisa de otros. No habia nada que se equiparase a ese brillo estelar y sin embargo la mayor parte del día seguía ciega.
Sus dedos era pequeños, los tenía devastados en movimiento, debió ser a causa del terror de los vientos. No había forma de salir de su laberinto. Lo intentaba cada mañana al cerrar los ojos.
En las mañanas utilizaba un paraguas para que el sol no mudara su color. Todas las calles le parecían iguales, quizás variaban los tejados, pero cada esquina tenía el mismo olor.
Pensó que quizás siguiendo otros parajes del cielo, destinados en sus ojos mutilados, podría escapar de su barrio laberíntico en el que todas las calles olían a sangre y orina.
Y así fue como después de cada intento lo logró, logró dejar de sentir los dardos, sus ojos, su pelo, sus manos. El laberinto tenía salida.
Senibus
lunes
La libertad sólo se consigue con una radical autonomía, apolítica, apátrida, abstencionista y solitaria.
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2 responses to Senibus
La ceguera frente a lo hermoso que te ofrecen día a día, no aprovechar las oportunidades y solo mirar lo que que quiero ver, lo sucio, lo desgastado, cerrarte en un vacío inexistente hasta conseguir la muerte, que fuerte.
Implacable, loable resoplido ausentan el crépito de tus lágrimas cándidas a la tristeza incorregible.
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