Permanecer impávida no es fácil cuando la angustia te azota permanentemente, y lo único que puedo hacer es sumirme en la brisa de la resignación y la ola del olvido; aunque realmente lo que me hace pensar, no es si es fácil o difícil, no me importa si me hace mal o no me hace nada, trato de amortajar las imágenes de mi interior, y en lo posible, que nunca refloten.
Tal vez no sea un canon, algo así como tranquila y estable, pero puedo sentirme plena con el simple hecho de saber que algún día ya no estaré aquí, y no lo pienso con aires de melancolía o por señales de bonanza, lo digo con la idea de estar consiente que no creo en nada, y me gusta ser así, o me gustaba hasta antes de pensar en una soledad remitida, esa de los escupitajos, y de las miradas sobre el pecho. Nunca había pensado en la soledad como un estado permanente, siempre la vi como un murmullo, un suspiro, una liberación, una necesidad, sin depender del ajeno, eso es bonito, es bonito pensar en uno mismo, mirar para los lados tan miserable como saber que es miserable, pensarlo y escribirlo es igual de patético que todo lo que he dicho.
Solo tengo ganas de retratarlo todo, guardar en mi memoria las plantillas de mi permanencia, sentirme a gusto con sensaciones que, antes de estar así, pude experimentar.
Recalcándote, y aunque trate de separar la neblina en mi cabeza, no puedo, pero da igual, nunca he podido interferir en el sentir ajeno, me siento mejor así, y aunque me encantaría poder decirlo todo, prefiero dejar el enunciado a medio terminar; hasta el momento no me hace mal, espero que nunca llegue el punto en que ya no te pueda ver todos los días y que el sentir tu esencia cerca sea un mar de sensaciones que reflotan como nubes del suelo.
Falsa Modestia
jueves
La libertad sólo se consigue con una radical autonomía, apolítica, apátrida, abstencionista y solitaria.
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